Todo en ti fue naufragio
No sé cuándo o por qué inicié el viaje. Supongo que partí hace muchos años, de un muelle desconocido, sin sueños o esperanzas, peregrinando por mares incógnitos que se llenaban de oscuridades cada vez que abría los ojos. No perdí el rumbo por que nunca tuve a dónde ir.
Recité derivas comunes, largos lapsos donde las letras hacían tempestad de cosas irreales, sutiles fantasmas convocados a este funeral eterno. Supongo que fue así.
He visitado tantos muelles ajenos, he tenido tantas historias que ya no tengo historia, me cuentan de mí las cosas que he hecho, dicho, pensado, todo es un sueño opaco en el que no participo sino como el director de escena de un drama irregular y malo.
Estoy anclado en el medio de la nada, capturado en un objetivo fotográfico (una cámara gris me apunta, el ojo detrás de la cámara retiene una imagen que cree mía, ¿seré yo o acaso su soledad quien se aparece vestida con mis nostalgias, quien entre sueños le cuenta historias para dormir?), navego en las calles de esta ciudad que me mira imposible.
Estoy tan lejos y tan cerca. Soy el viento que le mece los cabellos, aunque no se dé cuenta, soy el susurro de la noche, soy su saudade, soy sus sueños, aunque se dè cuenta.
Y con ser tanto sigo siendo nada. Una nada que se le aparece promisoria en el café, que recuerda pero no extraña, que extraña como es no olvida que también parece sentir.
Sé tantas cosas de ella, de mi, del cobarde.
Sé que soy el protagonista de varias puestas en escena, sé que sucederá lo que suceda, mientras siga navegando, mientras esta deriva conserve su rumbo.

Deixa un comentari