Vacío
Le tengo miedo al vacío. Debo reconocer que por eso lleno de fotos, palabras, siluetas, personas cada una de las calles que recorro, que recuerdo según el tiempo haya pasado por encima o debajo de mí.
Cada cosa tiene tantos significados sensibles, me habla con lenguajes distintos y con voces que me reconocen como si aguardaran mi regreso para saltar de nuevo a la vida. Los olores, las risas de los desconocidos, todo eso son pequeños homenajes particulares a partes de una historia que no tiene sentido.
Las sombras me miran vagar por las calles amplias de una memoria inexistente. De lo que pudo ser, de lo que deseé y que no pudo suceder por que no me correspondía ese acto, por que lo que creí estelarizar, la película a la que fui destinado no era mía. Yo era tan sólo el mozo de limpieza que soñó con estelarizarla y fue despertado de golpe por la realidad.
Cuando el sueño se difumina como el humo entre las trazas del cigarro que me consume, lo veo todo claro: nada existe. Las calles son calles y mis sueños han partido para ningún lado por que jamás supe hacerlos venir aquí, conmigo. Debería esperar a que me cobijara ese último sueño, la esperanza de recoger las sobras de un ave muerta. O tal vez debería despertar.


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