La eternidad
Soy momentáneo. Mis manos, mis brazos se van borrando transformándose en una aproximación de lo que era, en una sola ausencia unívoca que anda por allí, escondida del sol por que le hiere los ojos que no ha abierto sino una sola vez.
Miro el café con nostalgia, sé que ninguno de los dos sobrevivirá al momento, que ninguno será igual después, que no tiene sentido nada en la vida. O eso creía.
Tengo razones para pensar así. Todo cuanto había querido, planeado, hecho o pensado se ha ido, no vuelve sino en forma de cuento o de poema, lo cual es doblemente triste por que ya no quiero ser poeta, aunque tenga que serlo.
Tenía razones para pensar así. Últimamente corregirme ha sido un deporte recurrente que juego como un solitario en el cual, como en todos, no hay un ganador. Ahora mis razones han cambiado.
Hace poco vi sus ojos. Hermosos, como siempre, cercanos como nunca había querido aceptarlo. Ella me miró y también lo supo. Hemos visto la eternidad.

Deixa un comentari