Monterrey, Portugal <1>
Las ciudades son poco más o menos lo que se espera de ellas, lo que se ansía encontrar.
Hace poco tiempo hice un viaje a poca distancia de casa -unos 900 kilómetros- para encontrarme con una ciudad que ahora recuerdo con una sonrisa y unos ojos específicos que me miran en el café. Ella está sola, rodeada de montañas que alejan de su mirada los amplios desiertos que tuve que recorrer para llegar hasta ella.
Su nombre ha cambiado, y puedo decir que el mío también. Cuando nos vimos lo supimos, y no importó, por que había que construir una ciudad con todas las memorias y todas las nostalgias necesarias para vivir.
La ubicación geográfica también se ha mudado. Por vez primera podría decir que conozco un lugar que algo de familiar guarda con el París, Texas de Wenders. Y que en él reside buena parte de mi felicidad.

Deixa un comentari