María, la felicidad y las naranjas amargas

Nunca pensé que una persona con la que me llevé tan mal en un principio llegase a ser tan importante en mi vida, que pudiera soportar tanto de mi carácter -y yo tanto del suyo-.

Las circunstancias en que nos conocimos creo que no vienen al caso, por que igual pudimos habernos visto una sola vez durante un viaje en metro, o conocernos desde el kinder.

Es igual. Yo sé que conoce más que nadie quién soy en realidad, atrás de esos diversos que siempre he sido. ha sido quien me ha visto más tiempo sin máscaras, e irónicamente también me ha regalado dos o tres ideas para hacerme otras tantas personalidades.

Nos hemos alejado, pero hemos vuelto como a un muelle conocido. Hace no mucho pude comprobar con ella que la felicidad es posible cuando uno quiere ser feliz. No importa dónde, ni cómo y muchas veces ni siquiera con quién, sólo importa querer serlo.

Ese instante dura tanto tiempo como uno lo deseé. Por que en la memoria de tantas discusiones, peleas, retos, pláticas y desde luego, planes compartidos, siempre quedarán como semillas de pólvora esos instantes, reflejados en la inmensidad del casco de este barco.

De hecho, ella es parte de la historia de quien esto escribe. A veces hace de timón, o de vigía, aunque ella no lo sepa. Mayor fidelidad no se puede pedir a alguien. Por eso, por la inmensa felicidad que me da saber que existe, por que sé que habrá tiempos de mejores naranjas, por todo, gracias, María Luna.

~ per olerkariak a Desembre 31, 2006.

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