Desperté sin saber por qué lo hacía. Seguía simplemente la bandada de gaviotas que mi corazón habitaba, como poseído por un ensalmo grave y amargo. Tomé el camino del mar, de las olas graves que me arropaban como si conocieran mejor que yo mi historia, y emprendí este viaje eterno. He encontrado saudade, pero no la tristeza absoluta, por eso continúo el viaje, hacia ninguna parte, desde cualquier lado, en este pequeño barco de negra madera que algún día atracará en Lisboa...