¿Y yo qué hago aquí?
No encuentro la puerta. La verdad es que es algo bien común para aquellos que me conocen -y lo será para los que no- que tenga dudas acerca de cómo y por dónde se entra a algún lado. De todas maneras, estoy aquí por que algo tengo que contar, como todas las personas.
No es fácil abrir a cualquiera que lo desee la puerta de esto que llaman vida, o vivencias, que lo mismo es. Lo que sí es fácil es llenarse de palabras que no siempre significan algo, de cosas absurdas con las que uno puede llegar a soñar. De hecho, esta página tratará de alcanzar la dimensión de un sueño que, si bien se cuenta para que no suceda, se transmite para que no se olvide.
Intentaré explicar algunas motivaciones que me orillaron a escribir este blog, en lugar de permanecer en las acogedoras sombras que siempre son tan fáciles de sobrellevar. Primero, que la vida de voyeur cibernético -ya saben, husmear mucho y poco en otros blogs, pensar en lo que te escriben, etcétera-, no deja mucho espacio para las reflexiones propias.
Segundo, la nostalgia de ciertas gentes, cosas que se tienen que contar y guardar de algún modo, para que el olvido no les cuelgue esa herrumbre, para que en un tiempo indeterminado existamos todavía.
Hace poco tiempo le dije a alguien tan querida como cercana que la vida es un barco de madera. Y sí, lo es: todos vamos en él, inseguro y frágil por las aguas de la muerte, asidos a un timón inexistente, pendientes de que la madera no se hinche y caigamos todos. Pero, tantocomo zozobramos, también descubrimos que adelante hay más camino que este que no vemos.
Soñemos sin dormir.

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